domingo, 22 de septiembre de 2013

Polaroid



                                                                      
Polaroid
          Ely  apagó la campanilla del reloj despertador. Apenas había podido pegar los ojos. Se sentía muy ansiosa. El viaje  planeado desde hacía tanto tiempo, ¡por fin había llegado el día! Repasó mentalmente el contenido de su bolso de viaje: cepillo de dientes, ropa interior, los pantalones viejos para tirarse en el pasto, la camisa de jean, el pulóver que le tejió la abuela. Sí, todo parecía estar en orden.  
 _ Pablo, ¿se habrá despertado? _se preguntó con preocupación. Desde la cocina se escuchaba  la voz familiar de Héctor Larrea. Su madre escuchaba como todas las mañanas, Rapidísimo, su programa radial favorito. Atravesó el estrecho pasillo que la conducía a la cocina de estilo americano. En la mesa, una humeante taza de café con leche y unas tostadas con manteca y mermelada de frutilla la esperaban tentadoras.
_ Tomá la leche.  _le dijo Aidé sin mirarla, mientras  lavaba los platos de la cena. El ruido de la vajilla bajo el chorro de agua se mezclaba con las risas estridentes de Beba y Rina que le contaban a Larrea, sus correrías en la fiesta a la que asistieron la noche anterior.
_Pablo, ¿no llamó? Si no llega pronto saldremos tarde _dijo Ely_ pasándose las manos por el cabello.
Aidé que había concluido de lavar los platos, se quitó el delantal y mientras se acomodaba la pollera le dijo a su hija:   _ ¿siempre es lo mismo con vos? Llega el día “D” y te morís de los nervios.
En el garaje, Juan, un hombre alto y con actitud decidida revisaba detenidamente su Renault 4L. Siempre había sido muy responsable cuando tenía que conducir una gran distancia. No podía dejar nada librado al azar. La voz de Pablo lo sobresaltó.  _ ¿Todo listo, tío? Voy  a buscar a Ely y nos vamos. Pablo desapareció antes de que Juan pudiera contestarle. Diez minutos después, los chicos aparecieron cargando sus bolsos seguidos por Aidé que traía una cesta en la mano izquierda y un gran termo en la derecha.  
Como trombos ambos niños subieron al 4 L, la niña irradiaba felicidad, sus mejillas parecían más rosadas y abultadas que nunca. Pablo, en cambio trataba de aparentar una calma que no tenía.
Aidé sostuvo  la mano levantada hasta que vio desaparecer el auto en la distancia. Con una sonrisa a flor de labios, bajó la mano y se dirigió al interior de la casa. Mientras levantaba la mesa del desayuno se sintió aliviada de no haber tenido que padecer ese largo viaje en el que sus nervios terminarían destrozados.
_ Es  inminente la llegada del hombre a la luna, el Apolo 11 está a punto de alunizar _ decía Larrea. Beba Y Rina hacían un comentario gracioso y otra vez sus risas sonaron en el éter.
El Renault como siempre, respondió. Marchaba lento pero firmemente. Juan encendió la radio. Escuchaba atento la transmisión.
 _ ¿Qué significa alunizaje, papá? _preguntó Ely.
 _Significa que el hombre por primera vez  pondrá sus pies en el suelo de la luna  _respondió Juan con aires de estar diciendo algo trascendental.
 _ ¿Vos crees que hallarán vida allí, tío?  _ Intervino Pablo.
 _No creo que estén dadas las condiciones atmosféricas ni de gravedad para que eso pueda ser posible _contestó Juan cuyas palabras cada vez sonaban más eruditas para los niños.

La ruta se estrechaba en el frente del automóvil,  a los costados iban quedando las formas difusas de los árboles y arbustos.  A la distancia comenzaban a asomarse las sierras misteriosas e imponentes, sus laderas pedregosas, agrestes simulaban gigantes cuerpos amorfos. En la cima se vislumbraba el extremo de una enorme y  blanca cruz semejante a un altísimo hombre que con sus brazos extendidos al cielo imploraba clemencia. 
Presurosos se instalaron en la vieja hostería. Ely seguida por Pablo corría desesperada como si el paisaje tandilense fuera a desaparecer antes de que ellos llegaran a disfrutarlo. Juan tomó su Polaroid  y apuró su paso para alcanzarlos. El día pasó infinitamente veloz. La tarde comenzaba a declinar.
_ Nos sacás una foto, papi _dijo la niña. Pensaba en su madre que se había perdido un maravilloso día. Recordó sin embargo, que ella sentía cierto pavor por ese lugar, pues los mitos que se contaban acerca de él habían calado hondo en su espíritu. Juan buscó un punto estratégico para tomar una fotografía perfecta. Ely y Pablo posaron, en medio de ambos como un testigo silencioso, el inmenso crucifijo. Juan apretó el botón de la Polaroid  y una intensa luz que semejaba dos extensos y poderosos brazos, repentinamente envolvieron a los pequeños  y su espacio físico fue ocupado por  una estela luminosa que lentamente se fue esfumando. Azorado, Juan que cayó de bruces y allí permaneció inmóvil con la vista en el firmamento. En el piso cayó la instantánea en blanco y negro desde donde Ely y Pablo posaban para Aidé que los esperaba en Lanús, viendo el noticiero de Canal 7 donde transmitían la llegada del hombre por primera vez a la Luna, el satélite natural de  la Tierra, como siempre…  con la mesa tendida.

Glamigma

Descripción de foto



Foto en blanco y negro de tamaño  pequeño, las medidas son 0,9 por  0, 9 cm. Tiene un borde blanco.
Se observa en primer plano dos chicos, una nena y un nene,  de aproximadamente diez u once años, aunque el varón se ve más grande de edad.  En el medio, entre ellos,  una cruz con un Cristo crucificado que parece a su medida pero es inmensa.  La nena está parada sobre una roca, el chico está detrás posando, manos en bolsillos tiene un llavero en  la presilla del pantalón. Tiene un suéter con cuello “V”del que se asoma una camisa prendida.  La niña tiene algo en su mano, no se distingue bien, puede ser un papel o un estuche de la cámara de fotos, luce una vincha en la cabeza, pelo para atrás, campera tejida, una cadena en el pecho.  Los dos usan pantalón, ella porta botas, a él no se le ven los pies.  Ambos  están muy abrigados, se nota que es un día de invierno con mucho frío.
En el fondo, bajo un cielo diáfano,  se observan tres personas caminando detrás, apenas se advierten porque están a distancia, en el fondo de la imagen, mientras que a la derecha de la fotografía se ve el pie de un cerro y la copa de un gran árbol.  En el margen izquierdo un poste que puede ser de luz  y árboles, el piso es de piedras y pasto las que dispuestas en formas irregulares,  parecen lajas.
Las miradas están dirigidas a la cámara, el chico está de tres cuarto de perfil, con gesto serio, la nena mira de frente y tiene una expresión de alegría en el rostro. Alguien está tomando la foto.

martes, 3 de septiembre de 2013

Nuestras historias



Historia 1

U
na mañana oscura de invierno, en el viaje a la escuela, al pasar por una esquina, Marcos, profesor, identifica  un rostro entre un grupo de personas. Iba manejando un Renault  11 necesitado de pintura y otros arreglos.  Al ver esa cara conocida detiene el auto a pocos metros, espera a esa persona, ésta se acerca hacia la ventanilla del auto. El conductor abre la puerta, se asoma la persona, le pregunta: -¿Vas para la escuela? El conductor, con cara desencajada, responde:- ¡Sí, subí!
El enigmático hombre sube como si esto fuera habitual. Se sienta en el asiento del acompañante.
Minutos de silencio implacable.
Preocupación en Marcos, el conductor, algo en su cabeza lo inquieta. Busca tranquilizarse, intenta comenzar una conversación pero el silencio se prolonga, no ve la hora de llegar y se imagina lo peor, entra en pánico pero no quiere demostrarlo, hace un gran esfuerzo por disimular su tensión.
Maneja, hace los cambios, alerta, más alerta que nunca a la mínima reacción de ese otro que está a su lado.
Espera lo peor, vienen a su mente las noticias más vertiginosas sobre la inseguridad en la ciudad, siente que puede ser víctima de un robo, piensa que el otro lleva un arma en su mochila, o entre sus ropas. De reojo, observa los movimientos que le resultan sospechosos.
Imagina que cualquier movimiento de ese pasajero lo llevará a golpearlo o a estrellar el vehículo contra cualquier árbol, muro o pared que se le cruce.
Ese individuo no la tendrá fácil, piensa Marcos.
Comienza el diálogo, ese extraño, peligroso, que lo perturbaba se va haciendo amigable. Baja la tensión del conductor que se da cuenta que esa persona no era un ser tan extraño y menos aún,  peligroso. 
Alguien quedó esperando ese mismo Renault 11, y el conductor juró no parar nunca más en esa esquina y en ninguna otra para llevar a nadie.

Historia 2

E
staban en la fila, más o menos cerca de la boletería, alrededor de ellos muchos más como ellos, con los rituales típicos de los que van a ver a su banda favorita, con gorros, vinchas, banderas y “pines”. Estrellas en la noche, luces de neón, saltimbanquis de ilusión.  La lluvia caía suavemente pero no les molestaba. Asistían por primera vez juntos a un recital. Martina y Carlos llegaban agotados luego de viajar dos horas desde el sur de Buenos Aires hacia Capital Federal. Con la expectativa de encontrarse con su grupo favorito.
De repente un escalofrío, un baño helado pero no de lluvia fría sino de estupor por lo que sucedía. Se habían dado cuenta, cayeron en la cuenta de que no tenían las entradas. Esos tickets que con ahorros, sudor y lágrimas habían comprado ya hacía mucho tiempo atrás. Por esas cosas de la vida, tan paradojales que suelen suceder lo más ansiado se les escurría de las manos, como la lluvia que caía esa noche.
 Pero allí, en ese lugar tan esperado, tan ansiado, que no volvería a suceder, que tal vez nunca podría repetirse, hallaron la solución. Se abrazaron, con cierta complicidad y corrieron hacia un rincón del estadio. Allí, en ese lugar oscurecido por la sombra un árbol añoso, soslayada la abertura del alambrado perimetral que sólo ellos habían visto, pudieron en un acto casi heroico deslizarse cual prófugos de una prisión y se metieron. Entraron, corrieron, sin mirar para atrás, por miedo a convertirse en estatuas de sal y así se ubicaron delante de un gran bafle, de esos que retumban y retumban.
Ahí, con ojos asombrados, con gestos descontrolados, bailaron, disfrutaron de su grupo hasta quedar extenuados y en sus miradas recordaron la tarde en que se conocieron. Cantaban al unísono  “canción llévame lejos/donde nadie se acuerde de mi…”  hasta que la luz del día se asomó y él inesperadamente se desplomó.

Glamigma

domingo, 1 de septiembre de 2013

Bienvenid@s!

Hola amig@s:
                       Este es un nuevo espacio para mostrar nuestras producciones en el marco de Escrituras ficcionales, materia del segundo cuatrimestre de la Especialización en la enseñanza de la lengua y la literatura que cursamos en la UNIPE.
                      Acá podrán comentar todo lo que blogueemos, ¿se dice así? según las propuestas de la profesora Paula.
                     Les dejamos un saludo, los integrantes de Glamigma, o "el enigma de la escritura".
                               Miguel, Gladis y Mabel.