martes, 3 de septiembre de 2013

Nuestras historias



Historia 1

U
na mañana oscura de invierno, en el viaje a la escuela, al pasar por una esquina, Marcos, profesor, identifica  un rostro entre un grupo de personas. Iba manejando un Renault  11 necesitado de pintura y otros arreglos.  Al ver esa cara conocida detiene el auto a pocos metros, espera a esa persona, ésta se acerca hacia la ventanilla del auto. El conductor abre la puerta, se asoma la persona, le pregunta: -¿Vas para la escuela? El conductor, con cara desencajada, responde:- ¡Sí, subí!
El enigmático hombre sube como si esto fuera habitual. Se sienta en el asiento del acompañante.
Minutos de silencio implacable.
Preocupación en Marcos, el conductor, algo en su cabeza lo inquieta. Busca tranquilizarse, intenta comenzar una conversación pero el silencio se prolonga, no ve la hora de llegar y se imagina lo peor, entra en pánico pero no quiere demostrarlo, hace un gran esfuerzo por disimular su tensión.
Maneja, hace los cambios, alerta, más alerta que nunca a la mínima reacción de ese otro que está a su lado.
Espera lo peor, vienen a su mente las noticias más vertiginosas sobre la inseguridad en la ciudad, siente que puede ser víctima de un robo, piensa que el otro lleva un arma en su mochila, o entre sus ropas. De reojo, observa los movimientos que le resultan sospechosos.
Imagina que cualquier movimiento de ese pasajero lo llevará a golpearlo o a estrellar el vehículo contra cualquier árbol, muro o pared que se le cruce.
Ese individuo no la tendrá fácil, piensa Marcos.
Comienza el diálogo, ese extraño, peligroso, que lo perturbaba se va haciendo amigable. Baja la tensión del conductor que se da cuenta que esa persona no era un ser tan extraño y menos aún,  peligroso. 
Alguien quedó esperando ese mismo Renault 11, y el conductor juró no parar nunca más en esa esquina y en ninguna otra para llevar a nadie.

Historia 2

E
staban en la fila, más o menos cerca de la boletería, alrededor de ellos muchos más como ellos, con los rituales típicos de los que van a ver a su banda favorita, con gorros, vinchas, banderas y “pines”. Estrellas en la noche, luces de neón, saltimbanquis de ilusión.  La lluvia caía suavemente pero no les molestaba. Asistían por primera vez juntos a un recital. Martina y Carlos llegaban agotados luego de viajar dos horas desde el sur de Buenos Aires hacia Capital Federal. Con la expectativa de encontrarse con su grupo favorito.
De repente un escalofrío, un baño helado pero no de lluvia fría sino de estupor por lo que sucedía. Se habían dado cuenta, cayeron en la cuenta de que no tenían las entradas. Esos tickets que con ahorros, sudor y lágrimas habían comprado ya hacía mucho tiempo atrás. Por esas cosas de la vida, tan paradojales que suelen suceder lo más ansiado se les escurría de las manos, como la lluvia que caía esa noche.
 Pero allí, en ese lugar tan esperado, tan ansiado, que no volvería a suceder, que tal vez nunca podría repetirse, hallaron la solución. Se abrazaron, con cierta complicidad y corrieron hacia un rincón del estadio. Allí, en ese lugar oscurecido por la sombra un árbol añoso, soslayada la abertura del alambrado perimetral que sólo ellos habían visto, pudieron en un acto casi heroico deslizarse cual prófugos de una prisión y se metieron. Entraron, corrieron, sin mirar para atrás, por miedo a convertirse en estatuas de sal y así se ubicaron delante de un gran bafle, de esos que retumban y retumban.
Ahí, con ojos asombrados, con gestos descontrolados, bailaron, disfrutaron de su grupo hasta quedar extenuados y en sus miradas recordaron la tarde en que se conocieron. Cantaban al unísono  “canción llévame lejos/donde nadie se acuerde de mi…”  hasta que la luz del día se asomó y él inesperadamente se desplomó.

Glamigma

6 comentarios:

  1. Difícil decisión. Las dos historias son igualmente verosímiles, aunque la primera supone dos hombres osados, dispuestos a aceptar las trampas o las invitaciones del destino. O tal vez exija de sus personajes una increíble capacidad para la distracción. Por eso me gusta más. No sé si es la anécdota efectivamente ocurrida, pero me gustaría que así fuera. Voto por ella.

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  2. Ambas historias podrían haber ocurrido. Pero hoy tengo un estado de ánimo que me inclina a pensar que el segundo es ficcional...Tal vez sea culpa de la lluvia ¿Será que los ojos con que miramos al mundo, puede cambiar el estado de las cosas? Muy buenos textos.Saludos.

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  3. La frase "Alguien quedó esperando ese mismo Renault 11" me confunde, pero de todos modos, voto por esta historia como real.

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  4. Creo que la segunda es real.Dudo en que un desconocido suba al auto de otro sin màs...esperaba un remis? o es un aprovechador de ruedas?

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  5. La primera es real. Los profesores que trabajamos tierra adentro sabemos de subirnos a un vehiculo de alguien que va para el mismo lado, porque si perdiste el colectivo de ese horario el próximo pasa dentro de media hora. También remises truchos compartidos por tan solo cinco pesos en autos que se caen a pedazos.

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  6. Creo que el primer texto cuenta una historia real. Me parece que narra ese diàlogo silencioso que, a veces, se produce entre dos personas desconocidas que viajan en el mismo vehìculo. Mercedes Ponzio

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