Protocolo
Comenzamos el cuento partiendo de la
idea de darle continuidad al artefacto narrativo “Polaroid”. Con la inquietud
de desentrañar qué fue lo que le ocurrió a Aidé después de diez años de la
desaparición de Ely y Pablo. Las palabras para iniciar el relato fueron
cambiadas varias veces hasta encontrar esa frase disparadora que permitió la
fluidez de la narración.
Para construir los espacios hicimos primero una descripción objetiva
de los lugares por donde transitaría el personaje, el barrio en tanto que
queremos definir la condición social de la protagonista y una detallada descripción
de la casa desde la entrada porque denota el paso del tiempo en su fachada y en
el garaje que contiene un auto que dejó de usarse hace una década. Fuimos
recorriendo mentalmente cada uno de los lugares, los objetos en cada uno de
ellos, y seleccionando aquellos que le darían significado a la trama. Una gran
parte de esa descripción objetiva, fue dejada de lado porque consideramos que no
servía al propósito narrativo. Este espacio construido permitió que la
escritura fluya.
Luego de tomar estas decisiones
construimos un mundo para Aidé que es el
personaje que hará el recorrido en este relato, lo más amueblado posible (Eco, 1985)
para ello, describimos los espacios por donde
circulará la protagonista, los objetos que tomará y recuperamos cada uno de
esos lugares que le dan sentido a la trama y la contextualizan.
Pusimos el ojo en la cerradura imaginaria
de la cocina de Aidé porque ese fue el lugar último donde estuvieron los
chicos, reparamos en la radio, porque esa era la radio que escuchaba la
protagonista del cuento antes de su viaje, y, en esa carpeta tejida al crochet
porque nos da la idea del tiempo transcurrido, nos dice de algún modo que
estuvo en silencio desde entonces, que no fue encendida, que no hubo voces ni
risas de los viejos locutores. También pusimos la mirada en los elementos de la
cocina que dan idea del espacio habitado con más frecuencia por la familia y en
el que, ahora está Aidé en soledad. La
cocina como un lugar de encuentro en los tiempos pretéritos.
Seguidamente nuestro ojo se fue con la
protagonista hacia el comedor donde
estaba el sillón que se ubicaba frente al televisor, otro elemento de
significación para el relato por las implicancias que tiene en las costumbres de
la familia que había dejado de ser. Ese sillón es un obstáculo para la
protagonista, está en el costado, pero sin embargo, la hacemos tropezar con él para
cargar de emotividad ya que es la forma que encontramos para demostrar la
torpeza de Aidé producto de su angustia.
Por último hicimos foco en la puerta de
entrada de la habitación y en el cartel que anunciaba que esa era la habitación
de la niña, donde había estado por
última vez. Agregamos ahí un cofre donde se guardan fotos. Es un elemento que
nos interesó describir detalladamente porque él tiene en su interior los
recuerdos, en él está la foto que no desapareció a pesar de ser Polaroid, (que
se borran con el tiempo). El hecho inexplicable de la desaparición de los niños
que produce el quiebre con la realidad y lo transforma en un relato fantástico
reaparece ahora en un papel que cae al suelo, que se va desvaneciendo mostrando
por último el rostro feliz de la niña, que alivia la angustia de Aidé.
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