jueves, 10 de octubre de 2013

Protocolo

Protocolo
        Comenzamos el cuento partiendo de la idea de darle continuidad al artefacto narrativo “Polaroid”. Con la inquietud de desentrañar qué fue lo que le ocurrió a Aidé después de diez años de la desaparición de Ely y Pablo. Las palabras para iniciar el relato fueron cambiadas varias veces hasta encontrar esa frase disparadora que permitió la fluidez de la narración.
         Para construir  los espacios hicimos primero una descripción objetiva de los lugares por donde transitaría el personaje, el barrio en tanto que queremos definir la condición social de la protagonista y una detallada descripción de la casa desde la entrada porque denota el paso del tiempo en su fachada y en el garaje que contiene un auto que dejó de usarse hace una década. Fuimos recorriendo mentalmente cada uno de los lugares, los objetos en cada uno de ellos, y seleccionando aquellos que le darían significado a la trama. Una gran parte de esa descripción objetiva, fue dejada de lado porque consideramos que no servía al propósito narrativo. Este espacio construido permitió que la escritura fluya.
        Luego de tomar estas decisiones construimos  un mundo para Aidé que es el personaje que hará el recorrido en este relato, lo más amueblado posible (Eco, 1985) para ello,  describimos los espacios por donde circulará la protagonista, los objetos que tomará y recuperamos cada uno de esos lugares que le dan sentido a la trama y la contextualizan.
      Pusimos el ojo en la cerradura imaginaria de la cocina de Aidé porque ese fue el lugar último donde estuvieron los chicos, reparamos en la radio, porque esa era la radio que escuchaba la protagonista del cuento antes de su viaje, y, en esa carpeta tejida al crochet porque nos da la idea del tiempo transcurrido, nos dice de algún modo que estuvo en silencio desde entonces, que no fue encendida, que no hubo voces ni risas de los viejos locutores. También pusimos la mirada en los elementos de la cocina que dan idea del espacio habitado con más frecuencia por la familia y en el que,  ahora está Aidé en soledad. La cocina como un lugar de encuentro en los tiempos pretéritos.
      Seguidamente nuestro ojo se fue con la protagonista  hacia el comedor donde estaba el sillón que se ubicaba frente al televisor, otro elemento de significación para el relato por las implicancias que tiene en las costumbres de la familia que había dejado de ser. Ese sillón es un obstáculo para la protagonista, está en el costado, pero sin embargo, la hacemos tropezar con él para cargar de emotividad ya que es la forma que encontramos para demostrar la torpeza de Aidé producto de su angustia.
       Por último hicimos foco en la puerta de entrada de la habitación y en el cartel que anunciaba que esa era la habitación de la niña, donde había estado  por última vez. Agregamos ahí un cofre donde se guardan fotos. Es un elemento que nos interesó describir detalladamente porque él tiene en su interior los recuerdos, en él está la foto que no desapareció a pesar de ser Polaroid, (que se borran con el tiempo). El hecho inexplicable de la desaparición de los niños que produce el quiebre con la realidad y  lo transforma en un relato fantástico reaparece ahora en un papel que cae al suelo, que se va desvaneciendo mostrando por último el rostro feliz de la niña,  que alivia la angustia de Aidé. 

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