Ñandupay es un relato que implica una historia que
nace de otra. La primera historia es el
relato de primer grado que constituye el marco de la segunda y que es un relato
enmarcado. En Ñandupay el relato de primer grado está dado por un narrador que
es un camarógrafo documental que habla
desde una primera persona del singular para contar que “estábamos varados en
una vieja barcaza en medio del
Amazonas”, perdidos durante ocho días; y que al noveno día son salvados
por una lancha de rescate. Mientras que
el relato de segundo grado está contado por un narrador en primera persona que
es testigo de un hecho sobrenatural y que presenció ese hecho y lo narra en clave de leyenda. Este
narrador es Rogelio Das Rosas el guía del grupo y el más facultado para poder
recatar leyendas de la zona, mediador con su buena onda y carisma sino también testigo de esa
historia en particular. Así que el relato enmarcado comienza con la narración
de Rogelio que sin precisar lugar y tiempo, nos comunica sus impresiones sobre
esa mujer misteriosa que cuida a los más desprotegidos; en este caso a dos
niñas acosadas por una acechante criatura. La figura de este personaje es relevante en dos sentidos. En primer lugar,
él funciona a modo de Sherezade ya que su relato es clave. Como narrador se
exalta su figura por lo que provoca en el resto del equipo. Ellos llevan ocho
días varados y amenazados por la muerte. Con su narración Rogelio pareciera
suspender la muerte de los otros como cuando
aquella hacía lo propio ante el rey noche a noche. De hecho el narrador de este
relato de primer grado comenta respecto del guía “él decía que no debíamos
preocuparnos porque Ñandupay, la madre natura, se presentaba en sus distintas
formas y socorría a los necesitados”. Es más su relato es esperanzador (“escuchar
los relatos de Rogelio era un pulmón de aire fresco ante tanta angustia”) en
una situación de vida o muerte que finalmente se resuelve felizmente.
El relato marco y enmarcado parecen “tocarse”, cabría
pensar que ese loboto rosa que guió al capitán de la lancha de rescate hasta
ellos podría ser Ñandupay (que salva a
las niñas en el otro nivel) y que los socorrió al noveno día. En segundo lugar,
Rogelio también introduce con su relato una metalepsis. Ya que él, pasa a ser testigo
privilegiado de la historia que cuenta y
de la cual es participe aunque solo sea como observador lo cual es suficiente
para poder transmitir a otros esa historia que tiene su introducción, nudo y
desenlace propios cargada de verosimilitud. Y donde el resto de los personajes que sólo son
mencionados se transforman en los
narratarios, es decir, en los receptores de lo que cuenta el guía, ahí la razón de ser de aquellos.
por gladys vega, miguel escobar y mabel albondanza
No hay comentarios:
Publicar un comentario