Aquella tarde de 1983 Juan y
Raúl se encontraron casi por casualidad, hacía algunos años que no sabían nada
uno del otro desde que murió el padre de Raúl. Pero ese día, luego de trabajar,
se cruzaron en la avenida Rivadavia. A simple vista había pocos cambios, sólo
habían pasado diez años, sólo canas en
la barba, algunos kilos más en Juan y una incipiente calvicie en Raúl.
Al verse rápidamente volvieron al presente muchos recuerdos, Juan
recordó el día en que conoció al padre de Raúl, allá en Ezeiza, sobre el puente
donde había sido subido de los pelos por un militante peronista, lo volvió a ver en ese bosque arrastrando al
hombre herido. A su mente venían las imágenes de la gente corriendo, las
banderas caídas, escuchaba otra vez las sirenas de las ambulancias y los gritos.
Volvió a ver a ese niño con su cara de susto muy aferrado a la mano del padre.
El niño, hoy joven se sintió nostálgico e hizo un esfuerzo por no llorar,
su padre había muerto a poco de cumplirse 10 años de aquel día trágico.
Juan había partido de su casa en Avellaneda sólo, con la expectativa de participar de un
histórico día. Raúl partió de Monte
Grande de la mano de su padre y ahí en Ezeiza, se encontraron por primera vez.
Por esos días del reencuentro, La Revista Viva editó un dossier
especial sobre la Masacre de Ezeiza, pero ese texto no mostraba lo que ellos
habían vivido, no obstante Juan leyó el informe, pero lo abandonó en la primera
página que decía así:
“El 20 de junio de 1973 fue el día elegido
para recibir al ex presidente Perón, luego de 18 años de exilio, en las
adyacencias de Ezeiza. Sin embargo, la que tendría que haber sido una fiesta
terminó siendo una tragedia, producto del enfrentamiento entre los dos sectores
del peronismo: la derecha y la izquierda, que se arrogaban la exclusividad de
la figura de Perón. “De todo el país convergían columnas con cientos y miles de argentinos
hacia Ezeiza. Las principales columnas eran de los militantes organizados que
provenían de las barriadas del conurbano.
Venían de distintas agrupaciones, de la JP Echeverría, JP Matanza, Montoneros, el movimiento sindical, la CGT y los grupos de la ultraderechista Concentración Nacional Universitaria, militantes armados del Movimiento Nueva Argentina, la federación de “culatas operativos” de los sindicatos, el Comando de Organización de Alberto Brito Lima y su socia Norma Kennedy y la vieja guardia militar del coronel Jorge Osinde, reclutado por López Rega. Unidos bajo el mismo lema “Perón vuelve” pero no todos con la misma intención.
Venían de distintas agrupaciones, de la JP Echeverría, JP Matanza, Montoneros, el movimiento sindical, la CGT y los grupos de la ultraderechista Concentración Nacional Universitaria, militantes armados del Movimiento Nueva Argentina, la federación de “culatas operativos” de los sindicatos, el Comando de Organización de Alberto Brito Lima y su socia Norma Kennedy y la vieja guardia militar del coronel Jorge Osinde, reclutado por López Rega. Unidos bajo el mismo lema “Perón vuelve” pero no todos con la misma intención.
Para Juan y para el joven ese día era mucho más que un día histórico
sino era el aniversario de la amistad entre el hombre mayor y el padre de Raúl.
Y como no podía ser de otra manera siempre que se encontraban hablaban de lo
mismo. Y el joven siempre empezaba por el mismo recuerdo.
Ese día nos levantamos temprano, dice Raúl, no había clases, se
festejaba el Día de la Bandera. Es 20 de
junio y desde hace unas semanas, meses, que mi padre habla de lo mismo, con
este con aquel, que el Tío asumió, que
se viene el cambio y que Él vuelve.
-¿Vamos? ¿Estás listo? –me dice papá.
Salimos de casa, papá y yo, hacia el lugar donde decían que iba a hablar el general, desde una calle
vamos a una ruta, cruzamos un arroyo.
Nos detenemos en el puente desde el que
se puede ver una muchedumbre que agita banderas argentinas, con algunas letras
JP, ERP, otras que recién ahora puedo decir qué significan y recuerdo los cánticos,
que en ese momento muy bien no comprendía. Parecía una procesión. Pregunto a mi
papá… “¿a dónde va esa gente?” Él me
responde: -Al mismo lugar que vamos nosotros, al puente. Seguimos caminando por
esa ruta donde ya no circulan autos, ahora se ven los micros, los camiones y
algunas camionetas estacionados en las verdes banquinas. Se ven ciclistas, que
pasan por el costado. Nosotros caminamos por la banquina. Nos saludan con un gesto de manos que muestran la V de la Victoria.
Sobre el puente habían montado un palco, con
la “mirada” hacia el sur, ahí arriba estaba el lugar en donde ya estaba
hablando Favio y desde donde, después, hablaría Perón. Esa palabra que tanto
Juan como mi padre esperaban desde hacía tiempo. Llegaban las columnas más
numerosas. Ahí, en ese escenario montado
en el puente “El general” (Juan Domingo Perón) dirigiría su discurso a la
multitud alegre y esperanzada por la vuelta.
Pero de repente, todo se transformó, empezaron los gritos de desesperación, los estruendos de balas, el humo, el fuego y olor a pólvora. Se caían las
banderas como caían los hombres y las mujeres.
-¡No te muevas! ¡Agáchate! Gritó mi padre con desesperación. Nos
detuvimos en el predio conocido como “El Hogar escuela Evita”.
En eso vimos a alguien caído sobre un fogón que ya se estaba apagando, mi padre gritó ¡Flaco
córrete que te estás quemando! Pero el hombre no se movía ni respondía. El tipo
estaba quieto. Vi que estaba herido, sobre cenizas que
aún ardían, que del medio de la cabeza, cuando respiraba le salía un chorro de
sangre. Cuando papá lo dio vuelta, porque hasta ahí estaba de espalda, del
pecho le salían dos chorros de sangre, tenía dos agujeros en medio del pecho. Vuelvo
a bajar la cabeza: - ¡No mires! Dijo mi padre mientras intentaba tocar al
hombre con una rama.
El padre de Raúl se acercó como pudo, sin
descuidar a su hijo hasta el tipo caído sobre el fuego. A él lo dejó a
resguardo y arrastró al desconocido hasta la primera ambulancia que lo llevaría
hasta el hospital.
Al rato ya no escuchamos el sonido de las balas, sólo se escuchan las
sirenas de las ambulancias, la noche está cayendo y por la ruta iban los que podían
caminar por sus propios medios, estábamos cansados, en el camino de regreso mi
padre dijo:
-¡Fue una emboscada! ¡Vamos a casa!
Así estos hombres con diferencia de edades se encontraban hablando de
lo mismo, como si los años no hubieran pasado para Juan y como si el padre de
Raúl estuviera aún en la conversación.
La historia argentina está hecha
de recuerdos como estos, donde los enfrentamientos de grupos de derecha generaron
hechos fatídicos que dejaron un sabor amargo en quienes los vivieron como estos
dos hombres.
Protocolo
En esta nueva versión de “El regreso” lo
primero que hice fue reformular la extensión ya que este relato se extendía más
de lo requerido, por ende tuve que reestructurarlo pero tratando de respetar lo
escrito, entonces debí ajustarme a lo que ya tenía y a la vez reducirlo y reformularlo. Leí los comentarios de la
profesora y las preguntas que le hacía al texto fueron una guía para revisar y
reformular, sacar aquellas expresiones que habían quedado como “tiradas de los
pelos” y proponer una vuelta de turca a las ideas originales, considerando las restricciones dadas para esta instancia “dos carillas que
incluyan a. una metalepsis, b. una ruptura temporal significativa, c. un
detalle propuesto desde la focalización de un personaje” el trayecto
de escritura se hizo complejo.
En principio
reformulé el tema de la focalización porque en el primer relato la niña que
aparece no es el adulto que recuerda, entonces cambio para que sea un adulto mayor amigo del padre que
se encuentra con el hijo que fue chico para que hable de sus recuerdos del día
histórico elegido.
Decidí que los
que recuerden sean un hombre mayor y un adulto joven, hijo de otro hombre mayor
(que ya murió) porque los dos estuvieron
el 20 de junio del 73 en Ezeiza, y sus recuerdos serán traumáticos por lo tanto
este cambio me llevó a modificar el relato marco, el narrador presenta a los amigos, y dice que el padre del joven
ha muerto.
Al releer me
pareció oportuno, para no agregar más texto por la restricción de sólo dos hojas,
transformar una parte del texto en un relato enmarcado, entonces lo transformé
en una cita de una revista de actualidad
(Viva, 1983. Dossier especial al cumplirse Diez años de la masacre de
Ezeiza) la escribí en cursiva para
identificar este recurso como un elemento más explicativo que recuerda ese día.
Acá tuve un problema porque no encontraba la forma de introducirla, y recordé
que el relato marco se situaba en 1983 e iba hacia atrás diez años,
es así que introduje este recurso como para contrastar lo emotivo del recuerdo con la objetividad
del informe.
Saqué algunas
palabras, frases, párrafos que me parecieron innecesarios en el relato, que no
aportaban nada significativo, no
retardaban el desenlace, no servían para nada, sino que por el contrario eran
cuestiones poco verosímiles, como las revistas en el encuentro después de la
cena. O, aquella expresión “En eso alguien me agarró” que no es clara, porque
no se refiere a cuando lo agarraron de los pelos para subir al puente. Lo dejé simplemente como una analepsis en el
relato marco donde Juan refiere a lo vivido en el pasado.
También quité
un brevísimo monólogo en el que Juan se refiere al brazalete de delegado. Me
sonó forzado debido a que estos personajes eran un hombre común y el padre de
un niño que no eran militantes partidarios ni sindicalistas, sólo simples
ciudadanos, algo que contrasta con el relato enmarcado, la cita de la revista.
Cuando trabajé la categoría “detalles” me centré en
los recuerdos del niño, en la salida de la casa para llegar a Ezeiza, como también en los detalles con los que el joven describe el estado del hombre
herido que ha quedado en su memoria, el chico que vio, el joven que recuerda. Otro detalle que
agregué está en el puente, el palco donde hablaría Perón, es en ese el lugar desde donde los ve el hombre mayor
luego de que lo subieran de los pelos.
Por último
agregué una reflexión como narrador extradiegético, no pertenece a la historia,
pero da su opinión sobre la misma y los sentimientos de los protagonistas.
Esto es lo que
pude hacer, escribí y borré muchas veces hasta llegar a este artefacto que más
o menos me conforma. Como el tiempo para subirlo al blog expira pronto, lo dejo
así, lo suelto a la blogósfera, como un globo y que se vaya desinflando de a
poco.
No hay comentarios:
Publicar un comentario