viernes, 13 de diciembre de 2013

"El regreso" Versión de Mabel Albondanza



    Aquella tarde de 1983 Juan y Raúl se encontraron casi por casualidad, hacía algunos años que no sabían nada uno del otro desde que murió el padre de Raúl. Pero ese día, luego de trabajar, se cruzaron en la avenida Rivadavia. A simple vista había pocos cambios, sólo habían pasado diez años, sólo  canas en la barba, algunos kilos más en Juan y una incipiente calvicie en Raúl.
Al verse rápidamente volvieron al presente muchos recuerdos, Juan recordó el día en que conoció al padre de Raúl, allá en Ezeiza, sobre el puente donde había sido subido de los pelos por un militante peronista,  lo volvió a ver en ese bosque arrastrando al hombre herido. A su mente venían las imágenes de la gente corriendo, las banderas caídas, escuchaba otra vez las sirenas de las ambulancias y los gritos. Volvió a ver a ese niño con su cara de susto muy aferrado a la mano del padre.
El niño, hoy joven se sintió nostálgico e hizo un esfuerzo por no llorar, su padre había muerto a poco de cumplirse 10 años de aquel día trágico.
Juan había partido de su casa en Avellaneda sólo,  con la expectativa de participar de un histórico día.  Raúl partió de Monte Grande de la mano de su padre y ahí en Ezeiza, se encontraron por primera vez.
Por esos días del reencuentro, La Revista Viva editó un dossier especial sobre la Masacre de Ezeiza, pero ese texto no mostraba lo que ellos habían vivido, no obstante Juan leyó el informe, pero lo abandonó en la primera página que decía así:
“El 20 de junio de 1973 fue el día elegido para recibir al ex presidente Perón, luego de 18 años de exilio, en las adyacencias de Ezeiza. Sin embargo, la que tendría que haber sido una fiesta terminó siendo una tragedia, producto del enfrentamiento entre los dos sectores del peronismo: la derecha y la izquierda, que se arrogaban la exclusividad de la figura de Perón. “De todo el país convergían columnas con cientos y miles de argentinos hacia Ezeiza. Las principales columnas eran de los militantes organizados que provenían de las barriadas del conurbano.
             Venían de distintas agrupaciones, de la JP Echeverría, JP Matanza, Montoneros, el movimiento sindical, la CGT y los grupos de la ultraderechista Concentración Nacional Universitaria,  militantes armados del Movimiento Nueva Argentina,  la federación de “culatas operativos” de los sindicatos, el Comando de Organización de Alberto Brito Lima y su socia Norma Kennedy y la vieja guardia militar del coronel Jorge Osinde, reclutado por López Rega. Unidos bajo el mismo lema “Perón vuelve” pero no todos con la misma intención.
Para Juan y para el joven ese día era mucho más que un día histórico sino era el aniversario de la amistad entre el hombre mayor y el padre de Raúl. Y como no podía ser de otra manera siempre que se encontraban hablaban de lo mismo. Y el joven siempre empezaba por el mismo recuerdo.
Ese día nos levantamos temprano, dice Raúl, no había clases, se festejaba el Día de la Bandera.  Es 20 de junio y desde hace unas semanas, meses, que mi padre habla de lo mismo, con este con aquel,  que el Tío asumió, que se viene el cambio y que Él vuelve.
-¿Vamos? ¿Estás listo? –me dice papá.
Salimos  de  casa, papá y yo,  hacia el lugar donde decían que iba  a hablar el general, desde una calle vamos  a una ruta, cruzamos un arroyo. Nos detenemos en el  puente desde el que se puede ver una muchedumbre que agita banderas argentinas, con algunas letras JP, ERP, otras que recién ahora puedo decir qué significan y recuerdo los cánticos, que en ese momento muy bien no comprendía. Parecía una procesión. Pregunto a mi papá… “¿a dónde va esa gente?”  Él me responde: -Al mismo lugar que vamos nosotros, al puente. Seguimos caminando por esa ruta donde ya no circulan autos, ahora se ven los micros, los camiones y algunas camionetas estacionados en las verdes banquinas. Se ven ciclistas, que pasan por el costado. Nosotros caminamos por la banquina. Nos  saludan con un gesto de manos que muestran la V de la Victoria.
Sobre el puente habían montado un palco, con la “mirada” hacia el sur, ahí arriba estaba el lugar en donde ya estaba hablando Favio y desde donde, después, hablaría Perón. Esa palabra que tanto Juan como mi padre esperaban desde hacía tiempo. Llegaban las columnas más numerosas. Ahí,  en ese escenario montado en el puente “El general” (Juan Domingo Perón) dirigiría su discurso a la multitud alegre y esperanzada por la vuelta.
Pero de repente, todo se transformó,  empezaron los  gritos de desesperación,  los estruendos de balas, el  humo, el fuego y olor a pólvora. Se caían las banderas como caían los hombres y las mujeres.
-¡No te muevas! ¡Agáchate! Gritó mi padre con desesperación. Nos detuvimos en el predio conocido como “El Hogar escuela Evita”.
En eso vimos a alguien caído sobre un fogón que ya  se estaba apagando, mi padre gritó ¡Flaco córrete que te estás quemando! Pero el hombre no se movía ni respondía. El tipo estaba quieto. Vi que estaba herido, sobre cenizas que aún ardían, que del medio de la cabeza, cuando respiraba le salía un chorro de sangre. Cuando papá lo dio vuelta, porque hasta ahí estaba de espalda, del pecho le salían dos chorros de sangre, tenía dos agujeros en medio del pecho. Vuelvo a bajar la cabeza: - ¡No mires! Dijo mi padre mientras intentaba tocar al hombre con una rama.
El padre de Raúl se acercó como pudo, sin descuidar a su hijo hasta el tipo caído sobre el fuego. A él lo dejó a resguardo y arrastró al desconocido hasta la primera ambulancia que lo llevaría hasta el hospital.
Al rato ya no escuchamos el sonido de las balas, sólo se escuchan las sirenas de las ambulancias, la noche está cayendo y por la ruta iban los que podían caminar por sus propios medios, estábamos cansados, en el camino de regreso mi padre dijo:
-¡Fue una emboscada! ¡Vamos a casa!   
Así estos hombres con diferencia de edades se encontraban hablando de lo mismo, como si los años no hubieran pasado para Juan y como si el padre de Raúl estuviera aún en la conversación.
 La historia argentina está hecha de recuerdos como estos, donde los enfrentamientos de grupos de derecha generaron hechos fatídicos que dejaron un sabor amargo en quienes los vivieron como estos dos hombres.



Protocolo
       En esta nueva versión de “El regreso” lo primero que hice fue reformular la extensión ya que este relato se extendía más de lo requerido, por ende tuve que reestructurarlo pero tratando de respetar lo escrito, entonces  debí ajustarme a lo que ya tenía y a la vez reducirlo y reformularlo. Leí los comentarios de la profesora y las preguntas que le hacía al texto fueron una guía para revisar y reformular, sacar aquellas expresiones que habían quedado como “tiradas de los pelos” y proponer una vuelta de turca a las ideas originales, considerando las restricciones dadas para esta instancia “dos carillas que incluyan a. una metalepsis, b. una ruptura temporal significativa, c. un detalle propuesto desde la focalización de un personaje” el trayecto de escritura se hizo complejo. 
En principio reformulé el tema de la focalización porque en el primer relato la niña que aparece no es el adulto que recuerda, entonces cambio para  que sea un adulto mayor amigo del padre que se encuentra con el hijo que fue chico para que hable de sus recuerdos del día histórico elegido.
Decidí que los que recuerden sean un hombre mayor y un adulto joven, hijo de otro hombre mayor (que ya murió)  porque los dos estuvieron el 20 de junio del 73 en Ezeiza, y sus recuerdos serán traumáticos por lo tanto este cambio me llevó a modificar el relato marco, el narrador presenta  a los amigos, y dice que el padre del joven ha muerto.
Al releer me pareció oportuno, para no agregar más texto por la restricción de sólo dos hojas, transformar una parte del texto en un relato enmarcado, entonces lo transformé en  una cita de una revista de actualidad (Viva, 1983. Dossier especial al cumplirse Diez años de la masacre de Ezeiza)  la escribí en cursiva para identificar este recurso como un elemento más explicativo que recuerda ese día. Acá tuve un problema porque no encontraba la forma de introducirla, y recordé que el relato marco se situaba en 1983 e iba hacia atrás diez años,  es así que introduje este recurso como para contrastar lo emotivo del recuerdo con la objetividad del informe.
Saqué algunas palabras, frases, párrafos que me parecieron innecesarios en el relato, que no aportaban  nada significativo, no retardaban el desenlace, no servían para nada, sino que por el contrario eran cuestiones poco verosímiles, como las revistas en el encuentro después de la cena. O, aquella expresión “En eso alguien me agarró” que no es clara, porque no se refiere a cuando lo agarraron de los pelos para subir al puente.  Lo dejé simplemente como una analepsis en el relato marco donde Juan refiere a lo vivido en el pasado.
También quité un brevísimo monólogo en el que Juan se refiere al brazalete de delegado. Me sonó forzado debido a que estos personajes eran un hombre común y el padre de un niño que no eran militantes partidarios ni sindicalistas, sólo simples ciudadanos, algo que contrasta con el relato enmarcado, la cita de la revista.
Cuando  trabajé la categoría “detalles” me centré en los recuerdos del niño, en la salida de la casa para llegar a Ezeiza, como también en los detalles con los que el joven describe el estado del hombre herido que ha quedado en su memoria, el chico que vio, el joven que recuerda. Otro detalle que agregué está en el puente, el palco donde hablaría Perón,  es en ese  el lugar desde donde los ve el hombre mayor luego de que lo subieran de los pelos.  
Por último agregué una reflexión como narrador extradiegético, no pertenece a la historia, pero da su opinión sobre la misma y los sentimientos de los protagonistas.
Esto es lo que pude hacer, escribí y borré muchas veces hasta llegar a este artefacto que más o menos me conforma. Como el tiempo para subirlo al blog expira pronto, lo dejo así, lo suelto a la blogósfera, como un globo y que se vaya desinflando de a poco.

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